martes, 5 de junio de 2012

Así fue como comenzamos a estar solas


Así fue como comenzamos a estar solas: cogimos nuestras cosas, las metimos en la maleta y nos reunimos para instalarnos en nuestra nueva pieza  colectiva. Nuestros padres lloraron como si presintieran nuestras labores terribles. A su pesar  fueron precisamente ellos quienes  nos dispusieron lo necesario. Tan espléndidos siempre ¡Todos!   los de las nueve (porque eramos nueve) ni más ni menos. La intención era llegar  adonde fuera necesario, rozar el límite si fuera necesario. Estábamos dispuestas a disponerlo todo, a prescindir de todo si era el caso, con el único fin de conseguir nuestro objetivo. Teníamos que apoyarnos entre todas, porque nunca lo hubiéramos logrado en nuestras casas, no con  esa cocina multiaromática de nuestras madres... ah, nuestras bellas madres, siempre tan cálidas, siempre  con esa... necesidad tan suya de... alimentar... alimentar... alimentar...

Sólo entre nuestros miembros nos comprendíamos. Jamás habría reproches, ni quien nos obligara a destruir  nuestros sueños,  o era lo que creíamos al principio. Así  que  una, la  cinco, fue la que hizo el  trato con el arrendador.  La renta la pagaríamos entre las nueve, la cifra dividida en nueve partes  iguales.  Adquirimos máquinas de ejercicio, cremas lipo-reductivas... mascarillas faciales, medicamentos de esos... de esos que sabes lo que te hacen...    laxantes... y de más, todo lo necesario para garantizar nuestra inversión.

Ahí estábamos todas el primer día: al comedor en nueve sillas, con los nueve manteles, nueve  ciruelas pasas remojadas en agua en nueve  vasos. Nos fuimos a dormir en nueve camas a las nueve, luego  de practicar  nueve rutinas  de  ejercicio con las nueve pelotas de pilates -que apenas si cupieron en la sala de estar-. A la mañana siguiente  nos  moríamos de hambre. Yo recuerdo muy bien lo que pasó ese día,  Vania pidio una pizza, la cortamos en nueve  rebanadas, pero la vomitamos en seguida en nueve placas de metal   antiadherente. Lo demás fue más fácil,   teníamos que demostrarnos las unas  a las otras que eramos fuertes, y que eramos dignas  de cumplir ese pacto por amor a lo bello,  a la belleza que nos esperaba.

Durante nueve meses continuamos así,  el trato era estar juntas,  mantenernos unidas. Comíamos  todas juntas, vomitábamos  juntas,  nunca antes, nunca después. De alguna  forma  manteníamos el régimen. Fue más sencillo así.  Nuestras familias lo notaron en seguida, decían: "pero qué bien les han sentado la independencia y la convivencia entre ustedes"  "te ves preciosa, mija, qué te hiciste"  pero realmente ninguno sospechaba del pacto que teníamos, bueno, sólo  hubo alguien...Vanesa... Brenda....   Lilia, no recuerdo su nombre,  tenía un odioso hermano que decía que nosotras... eramos un ejemplo de una modalidad de secta alimentaria, o algo así, qué torpe.  En fin. Todo iba  bien. Parecía ir  todo de maravilla. Cuatro de  nosotras ya habíamos conseguido trabajo en una agencia de modelaje, las otras, las más  jóvenes, aún estudiaban en la universidad y  trabajaban eventualmente como edecanes en  diferentes empresas de banquetes para  aportar  su cuota cada mes. Todo pintaba tan bien. No sé qué salió mal ¿Dónde fallamos?

Los problemas surgieron  cuando nos acercábamos  a esa perfección tan anhelada.   Se había convertido en un infierno, en una verdadera carrera. Yo siempre estaba mareada,  todo el tiempo tenía sed pero sentía...  que hasta el agua me hinchaba.    Y presentía que las demás confabulaban en mi contra porque, claro, yo era la más  guapa de todas. Y la idea fue mía.  Fue tan triste.  Ah, como las odié.

María sólo tenía dieciocho años... y la dejamos morir en esa horrenda clínica. Sus padres estuvieron a punto de matarnos, pero el dolor, la culpa que sentían hacia sí mismos  los detuvo. Nos fuimos separando poco a poco,  no sé ni dónde están ahora o si están vivas aún. Y yo me estoy muriendo. No sé qué es lo que siento, si es ira, si es envidia, si es dolor... no sé... Me duele  el alma. Mi alma se me seca en este horrible pozo. Veo fantasmas. Mi vida  está  repleta de fantasmas.

Y yo sé que  ellas sufren este infierno también.  Pero ya no me importa. Que se pudran también.  Que se joda  la vida. Todo se salió de control.