lunes, 10 de septiembre de 2012

Crónica del pasado 6 de septiembre

Hoy recogí tu boca de la caja de arena donde las multitudes te pisaron. Había soplado un viento muy fuerte que nos acarició desenterrándote, desenterrando tus ojos.


Tus ojitos no miran
como dos soles ya



Hace tres días -el seis de este mes patrio para ser exacta- hubo varios eventos que sembraron el pánico en esta parte de la ciudad, lo malo de vivir en el oriente, es que te estereotipan, igual… lo malo de vivir en el sur es que te estereotipan, en fin. Los vecinos corrían asustados, jalaban a sus hijos y los guardaban en sus casas igual que animalitos enjaulados. Unos decían que no sé qué simpatizantes de equis grupo político estaban sembrando el pánico para que nadie hiciera nada por entorpecer la transición del poder al nuevo y ya oficial candidato electo; que habían asaltado no sé cuántos negocios, quemado no sé cuáles locales, otros aseguraban que era el crimen organizado que nos había alcanzado descaradamente –a nosotros, los que tampoco nos metíamos con nada ni con nadie-, otros dijeron que todo lo causaron los antorchistas con sus revueltas. Pero nada de eso era seguro, y lo más probable es que nada fuera cierto. La incertidumbre era la reina. El rumor avanzaba vorazmente, el rumor comenzó a expandirse por las redes sociales, pero nadie daba cuenta clara de lo que pasaba, los noticieros, ya sabes, ni tocaron el tema. Como a eso de las cinco de la tarde las calles estaban totalmente desiertas. Yo lo sé porque estuve ahí, lo vi todo, a mí no me da miedo.


¿Puedes creerlo? Y todo por un rumor, un rumor que podía cortarnos la cabeza de un tajo. Por la noche las cosas regresaron lentamente a la normalidad, se agilizó el transporte porque, aunque no lo creas, estaba detenido, los choferes de las unidades del transporte local estaban aterrados y no querían subir ningún pasaje, además toda la gente estaba inmovilizada… paralizada. Pero bueno, en la mañana ya había vuelto el bullicio cotidiano, las mujeres llevaban a sus hijitos a la escuela y el tráfico tapaba las avenidas de siempre.


Pues… eso… Volviendo a lo de antes ¿Te dije que hace un tiempo tomé un curso de restauración básica para objetos preciosos? Si me dejas yo puedo… desempolvar tus ojitos, debió dolerte mucho ¿no? …tantos días allí… sin respirar...