lunes, 25 de febrero de 2013

Expresso


A las seis la ciudad arrastra la cobija por callejuelas mal iluminadas y unidades del transporte tan deterioradas que van tirando tuercas frente a cada semáforo; entre las siete y las ocho los pasillos del metro se rellenan del sudor resignado de corredores (siempre) resignados que celebran (a tiempo) carreras simultaneas por todas las regiones... A las nueve despiertan las princesas y príncipes para mirar la hora en sus relojes Nike y volverse a dormir... y no son ni de aquí ni de allá... ni de más lejos. 

A las diez la ciudad ya despertó por fin, y hasta el frío de la noche parece evaporarse y ese caos se prepara para seguir su curso lo que resta del día...