miércoles, 24 de enero de 2024

Señora de los gatos

Soy la mujer que vive al final de la calle y tiene muchos gatos: la señora de los gatos. Se podría decir que tengo tantos gatos como años en el mundo. La verdad no son míos (mis gatos, quiero decir), son más bien de la calle, de los techos vecinos, de otros gatos y de ellos mismos. Pero fueron llegando uno a uno y fui perdiendo la cuenta cuando noté que se me habían acumulado todos ellos encima (me refiero a mis años está vez).  Alimento a los gatos porque hijos no tuve. Los alimento a diario y también les doy cariño. Algunos se quedan, otros se van, otros regresan y otros... no lo hacen. Yo los llamo en la noche y pongo una charola de comida en el piso. Los llamo: "gato blanco, gato pardo, gato amarillo, gato pachón, gato delgado, gato con manchas, gato negro, gato negro segundo..." y así sucesivamente. Creé la nomenclatura basándome en el color de su pelaje y sus medidas gatopométricas. 


Gatos del museo del Hermitage. Obras de Eldar Zakirov. Ver 
Aqui

 

    A los niños de la calle no les agrado. A veces se reúnen en pequeñas parvadas y vienen a mi casa sin llamar a la puerta. “Vamos a arrojar piedras a la casa de la loca de los gatos”, dicen unos, “sí, vamos”, responden otros. Entonces vienen y arrojan piedras y luego salen corriendo y se ríen. Me alegra que un su vida no les falten motivos para estar contentos, aunque rían de mí.  

    Hace ya varios días que nadie me ve. Hay un monte de piedras cubriendo mi banqueta. Si abrieras la ventana verías un gato (gordo y anaranjado) masticando un gran trozo de carne suculenta.  

    Ayer una muchacha llamó a mi puerta por si se me ofrecía algo del mercado: pasta dental, latas de atún, botes de leche o comida para gato. Naturalmente, no le abrí. 




   

Estamos a finales de enero, pronto los vientos locos de febrero levantarán cometas en el cielo y llevarán un trozo de mi ser a las casas vecinas. Y entonces vendrán. Alguien por fin vendrá y quitará las piedras y tirará la puerta y encontrará mi cadáver.