Quiero un mar, quiero un mar que me quepa en la palabra mar y no cambie la M por la D de Darío. “A diario escribo un sueño repetido”, dice gatoconbotas_58. Por cierto, hoy 23 de Julio es su cumpleaños. Oh, por Dios, hoy es su ¡quintoagésimo tercer! cumpleaños. El mismo que celebró el psicoanalista el año en que creyó que iba a morir. A todos nos alcanza para todo. A Ruben gatoconbotas le tengo un gran cariño, una admiración grande. Quiero que escriba muchos ¡muchos! poemas. Decía, quiero un mar.
Darío cree que el mar puede tener dos dimensiones. No es que tenga razón, aunque la tiene. No es que esté equivocado, aunque lo está pero, qué va. Darío dice que el mar es la modesta casa de la... cosa-que-quiso el personaje de Antoine de Saint- Exupèry. Cuánta imaginación tiene Darío, y de qué poco alcancé. De acuerdo, estoy celosa y es brillante. Darío escribió esto:
“Lo que ella llama mar es un puta caja con muchos agujeros,
para que pueda respirar el corderito…”
Su poema es más largo mas no quiere mostrármelo. Dice que todavía no está completo. Yo tengo la sospecha de que, ya está completo, sólo que él todavía no lo termina. No estoy segura, nada más lo sospecho. Tampoco tenía idea de que Darío escribiera. Aunque sí lo sabía. Hoy día más bien cualquiera, más bien, la mayoría puede ser un poeta. Todos, incluso yo, incluso Darío que un su vida había amado una poesía.
Darío cree que el mar puede y debe tener dos dimensiones: en una cabe todo lo existente; en otra, la mirada no basta; y en la otra parece, que todo lo anterior nunca sucede. Es lo que yo le digo cuando él dice… que el mar es una caja imaginaria. Lo es. El mar no existe. Pero sí existe cada vez que queremos. Y yo tampoco soy una princesa, no soy una princesa extraterrestre.
Todo lo que es real dentro del sueño, ver la proximidad de lo lejano, el peso que te oprime por liviano. El mismo sol que cae rendido al día, y que nunca podemos alcanzar. Todo eso, y más, cabe en esa cajita que los dos bautizamos con la palabra “mar”. Él lo sabe muy bien. Yo no lo ignoro menos. Y los dos lo olvidamos cada vez que queremos. Porque entonces el mar es asequible.
Decía que Darío… Te decía, Darío, que yo tampoco soy una princesa. Mi lugar esta aquí, a la orilla del mundo, detrás de la cortina que nos repele al resto de la vida. Que el cielo nos oprima, y que el sueño nos lleve más adentro. Mar adentro, Darío.
Libélula
La vispera del día que nos dijimos todo