Et y estoit la peinture en reputation de retenir la vraye perfection, sans y avoir rien de corrompu ny d'alteré
Jacques Amyot
Él sabía de mi trastorno alimenticio. Siempre quiso ayudarme pero... yo no quería que nadie me ayudara. Lo único que quería era estar bien, sentirme bien, sólo eso.
-Come, mi vida ¿para qué quiero una novia anémica?
-Ya he comido, cielo, te lo juro, pregúntale a mamá. Oye ¿por qué no me sacas a bailar? Anda ¿sí? ¿quién te quiere más? - Lo convencía con besos y pequeños mordiscos en la oreja.
Sucedió una tarde mientras él esperaba en la sala a que yo terminara de arreglarme. Tomé el cepillo y al deslizarlo sentí un tirón en la piel, descubrí una inmensa maraña de cabello atorada en las cerdas pero no podía ser. Cómo. Miré mis manos y seguían hinchadas. La ropa me quedaba bastante floja. Pero veía mi imagen y no era posible: aún no daba la talla... Cerré los ojos y los abrí de pronto. Al final pude verme como en realidad era. Y no me gustó nada lo que vi. La imagen de la muerte me sonreía lacónica y esquiva, luego con lástima, luego con odio. En un segundo había perdido todo mi cabello, todos mis dientes. Sentí miedo y grité, o no pude, no sé. El terror me asfixiaba y aquello, aquella cosa se abalanzó con furia sobre mí. Me derribó. Luego desperté aquí.
Todo ha terminado. Todo excepto que él sigue llamándome huesito, y me abraza y me abraza y llora mucho. Lo amo tanto... Perdóname... ¡Perdóname! ¡Perdóname!
Libélua
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