Nos han cambiado de cuarto pues... dicen que todos hemos llegado a la adolescencia y nos queremos mucho, no queremos que nos separen nunca.
Nuestro nuevo salón es muy grande y tiene muchos libros gordos sin dibujos. Recuerdo aquella historia de tres perros sarnosos que Mirella nos contaba de chicos, no sé si era que lo decía a propósito pero me hacía sentir... precisamente como si fuera uno de esos perros a quien todo el mundo compadecía pero que nadie quería en realidad. Hasta que llegué aquí. A Yuri sí estuvieron a punto de adoptarla muchas veces, es bonita y parece normal, pera ella siempre se negó, decía que su familia éramos nosotros, sus únicos amigos y los únicos en quienes confiaba. Su padrastro abusaba sexualmente de ella y recibía dinero de sus amigos por "prestárselas", decía.
Yuri es muy buena conmigo, pero nunca me mira como mira a León. Creo que estoy enamorado de ella, lo estoy desde que eramos niños. Pero no le diré nada jamás, ella sólo me ve como a un hermano, a León lo contempla con ese brillo que alguien dijo que tienen los que aman. Encima, León es muy inteligente, puede realizar operaciones matemáticas en un instante y no necesita apuntar un solo número, aparte habla muy bonito, te mira con sus ojos color miel y uno, incluso yo, se pierde en lo que dice, tiene ese poder de convencer a las personas con tan sólo mirarlas. El único problema que le encuentro es que no puede estar sin tomar sus medicinas porque se pone psicótico. Dice la maestra Luisa que la psicosis es cuando uno pierde contacto con la realidad. A mí me gustaría saber qué se siente estar aquí sin estarlo.
A León le gusta mucho jugar ajedrez, no hay quien le gane en ningún juego de estrategia, se queda contemplando el tablero y pareciera que de sus ojos sale lumbre. Yo creo que esa lumbre es la que enciende el corazón de Yuri. De eso te hablo, mira, mira cómo lo mira otra vez.
El que juega con él se llama Remo, tiene casi trece años pero yo lo conozco desde hace como siete. Remo sabe hablar francés porque vivió en Haití hasta que el terremoto de 2010 lo dejó huérfano. Y no sé cómo fue que llegó a México, pero sí sé que había una familia talibana que lo trataba como esclavo en su casa del centro donde vendían joyas. Remo quería ser piloto y viajar por el mundo. Ahora sólo sueña con salir de la escuela y ser traductor de libros de literatura. ¿Por qué habrá cambiado de idea?
Esos son los gemelos Eri y Mari Deli. A ellos los rescataron de un pueblito escodido tras las faldas de un cerro de Puebla, donde la gente tenía la creencia de que los niños cuates traían desgracias a la comunidad. Y el que está en la ventana es Nicanor, le decimos Nico, y todo el tiempo está triste. Le gusta sentir la brisa que entra por la ventana en las tardes lluviosas, como hoy. Nico no puede ver porque, cuando era pequeño, a su mamá alguien le dijo que era el fin del mundo. Entonces ella y otras personas le sacaron los ojos para que no pudiera ver tanto desastre, y él estuvo metido mucho tiempo en el hospital y su mamá aún está encerrada en otro lado, no sé muy bien en dónde. Yo creo... que la última cosa que vio Nico fue ésa, precisamente el fin del mundo, me imagino que de debe recordarlo cada noche y por eso tiene pesadillas. Yo lo escucho llorar —sin ojos, porque no tiene— y nunca sé si está dormido o despierto.
Yo no pienso en que Nico sólo vea oscuridad (tal como dijo la maestra Luisa que es la ceguera), o todo negro, o todo blanco, no. Creo que puede ver cosas que ninguno de nosotros puede. Por ejemplo, ayer estuve pensando mucho en esto: no somos como los demás niños, no tenemos padres y si los tenemos están en la cárcel, como el padrastro de Yuri, o en algún sanatorio mental, como la mamá de León, o quien sabe dónde... pero el hecho de que estemos todos aquí... es raro, ¿no? ¿A quién se le ocurrió que había que hacer una escuela especial para nosotros y ponernos a todos aquí juntos? Seguramente Nico sabe el por qué de estas cosas, y eso es lo que lo pone siempre tan triste.