Sí lloro, lloro mi humanidad pero no de coraje ni de impotencia, ni de amor ni dolor. Lloro de auténtica tristeza. Lloro y miro a los niños con sus caras pintadas y sus lindos disfraces de fantasía corriendo por las calles infestadas de gente con sus calaveritas de colores repletas de dulces y monedas de cambio. Parecen el presagio de los años que vienen y éste... éste no es el entorno que quiero para ti. Aquella chica no tenía ni quince años. Yo los vi cuando estaban parados a la orilla del Eje 6 Oriente, eran tres, uno de ellos hizo la parada, pero no parecía que tuviera muchas intenciones de subirse, el otro chico silbó y el chofer se detuvo un par de metros adelante, entonces se aproximaron y subieron, pagaron sus pasajes y el chofer estiró su mano con el cambio sin retirar la vista del volante. El chico no tomó el dinero, miró al interior del microbus examinando los rostros apagados de los pasajeros, la muchacha recibió el cambio y el chico se volteó hacia el chofer y le dijo una cosa que no recuerdo, o no alcancé a escuchar a pesar de que venía en el primer asiento de la izquierda. Entonces algo se rompió adentro de nosotros, el mecanismo colectivo se activó de pronto. El chico se descubrió la chamarra y se llevó la mano a los bolsillos para mostrar la pistola, la sacó, apuntó con ella a algunos rostros y gritó. Y la muchacha repitió la orden y pasó a los lugares y en cuestión de segundos todos comenzaron a depositar sus teléfonos celulares en una bolsa de plástico azul. El hombre que venía junto a mí tenía tan mal aspecto que no le dijeron nada, pero a mí sí, le entregué mi dispositivo a la muchacha y ella lo tomó de mala gana. "Tu celular, hija" dijo el chico con la pistola en la mano, yo ya se lo había dado, aunque no tuve por qué. También sé que lo dudó, no valía nada, la mitad de los móviles que recogieron no valían gran cosa, pero eso no era lo importante. El chofer no acató las ordenes del adolescente, lo desafió con el cuerpo y siguió manejando sin prestarle demasiada atención, cosa que pareció ponerlo algo nervioso, amenazó de nuevo con lanzar un balazo en medio de todos poniendo en evidencia su inseguridad. No lo hizo, sólo se paseó por el pasillo pisando muy fuerte. Yo que vi la pistola de cerca podría asegurar que era falsa. Pero eso tampoco es lo importante. Luego se bajaron y mentaron la madre al chofer que siguió manejando como si ya estuviera acostumbrado. "¿le había pasado antes?" preguntó el hombre humilde que venía a mi lado. El chofer negó con la cabeza y murmuró algo que ya olvidé también. Todo estuvo en silencio algún kilómetro. Siguió subiendo pasaje hasta que la unidad quedó repleta como de costumbre, entonces comenzaron a conversar del asunto... que si la mujer que viajaba junto a la puerta sentía que se le había subido la glucosa y que por eso nunca cargaba celular, y una voz atrás de mí dijo que el de ella sí era muy caro pero que prefería mil veces más su vida; y que alguna señora entregó cien pesos aunque no debió hacerlo porque la orden fue clara: sólo celulares, no Ipods, no cámaras, no relojes, no efectivo... sólo celulares. Incluso me atreví a imaginar sus caras de decepción en cuanto examinaran las ganancias ¿cuánto podrían sacarle a todo ese arguende? ¿por qué arriesgarse así? Es es decir, examinandolo con calma todo suena tan absurdo... Estábamos a sólo un par de kilometros del Ministerio Publico de Iztapalapa, junto a una penitenciaría de "alta seguridad", con docenas de patrullas circulando constantemente por la zona por cuestiones de logística, sí, ya sabemos que las dichosas patrullas nunca se asoman cuando verdaderamente se les necesita, pero que tal estaba un policía preguntándome a qué hora salía al pan el viernes por la mañana cuando llegaba al trabajo. Y eran sólo unos niños. Todos aquí sabemos que esa ruta no es la más segura de la ciudad. A nadie le extraña que pasen estas cosas, pero cada vez sirve para hablar sobre de la vida, y de las cosas materiales, de seguridad, de necesidad y de corrupción.... e imagínate tú la infinidad de temáticas que salen a flote a partir de este evento. La mente humana es veloz. Yo no siento miedo, sólo... sólo... tristeza. Y proyecto las cosas que pudieron pasar y aquí recuerdo que aún no quiero morirme, nadie quiere morirse pero ¿sabes? tampoco me importa demasiado. Y no, hijo, no es éste el mundo que quiero para ti. Y lloro, lloro y escucho risas de los niños que se andan por las calles con sus caras pintadas y sus lindos disfraces de fantasía, lloro y pienso en las cosas bellas que tú nunca tendrás, lloro y pienso en la luz que no verán tus ojos, en la tranquilidad con que tendrías que acostumbrarte a vivir al acecho, a vivir al margen, en que no sé si existe la esperanza de una vida mejor, en la posibilidad de huir de todo, mudarme de ciudad contigo y contra todos, contra la gente que habla, contra el delirio de sus almas, lejos, a un recinto lejano o una ciudad más pequeña donde no pasen este tipo de cosas. Y pienso en ti, en vivir y vivir, vivir... pero luego recuerdo... que aquellos niños que hoy amenazaron con un arma de juguete, mañana saldrán del tutelar ya entrenados y domesticadas para sobrevivir en esta selva en guerra, en este mar de furia que llamamos ciudad. En que a mí francamente ya no me importa tanto perder la vida así, en un suspiro, por cualquier imprudencia, ni siquiera las lágrimas de los que alguna vez juraron que me amaron me interesan. Y no, tú no mereces que una mujer así te traiga al mundo y no, no puedo traicionarte, ni traicionar mi vida ni mi muerte. Ya no sé lo que digo. Respiro hondo y dejo, dejo atrás este día y todos los que vinieron antes de éste, dejo atrás esta puerta y estas divagaciones absurdas y esta vida que me ha desquebrajado el alma. De niña amaba tanto el primer día de noviembre, corría por las calles con mi cara pintada y mi lindo disfraz de fantasía, corría sin saber a dónde llegaría con mi calaverita llena de dulces y monedas de cambio, francamente no importa a dónde vayamos, mientras no nos quedemos completamente estáticos, dijeron. Dejo atrás esta vida y esta muerte que se ganó una fiesta, las ofrendas de muertos y tu nombre que nunca imaginé, la veladora blanca que debería prenderte si sobrevivo a esto y el letrero que dice: "interrupción segura del... " Sé que no queda nada más allá...
1 de Noviembre, Día de los santos inocentes

