Victor, tú eras el niño que destrozaba ventanas, que rompía la maseta del corredor y culpaba al muchachito enclenque que usaba lentes de pasta -cuando no estaban de moda todavía-. Y ahora, mírate aquí: escribiendo poemas y subiendo canciones a Youtube y leyendo a Foucault.. Tus ojos son tan suaves, tu carne tan volatil. Tu alma también estuvo acumulada de sospechas durante mucho, mucho tiempo. No tengo la proximidad que necesito, ni las manos que puedan acariciar al hombre en que te has convertido, aunque yo estoy segura de que siempre lo fuiste. Tus ojos son tan suaves, tu carne es tan volatil. Déjame reposar sobre tus horas libres, llevarte al avispero de las ansias voraces, contarte los recuerdos de la infacia... Todavía me acuerdo del día en que te expulsaron de la escuela por... por... yo no sé lo que hiciste aquella vez que hizo explotar del rabia al director, todos lloraron, ¡Todos! Menos tú...
