lunes, 15 de octubre de 2012

De-venir

Victor, tú eras el niño que destrozaba ventanas, que rompía la maseta del corredor y culpaba  al  muchachito enclenque  que usaba lentes de pasta  -cuando no estaban de moda todavía-. Y ahora,  mírate aquí: escribiendo  poemas y  subiendo canciones a Youtube y leyendo a Foucault.. Tus ojos son tan suaves,  tu carne tan volatil.    Tu alma también estuvo acumulada de sospechas durante mucho, mucho tiempo. No tengo la  proximidad que necesito, ni las manos que puedan acariciar al hombre en que te has convertido, aunque yo estoy segura de que siempre lo fuiste.  Tus ojos son tan suaves, tu carne es tan volatil.  Déjame reposar sobre tus horas libres, llevarte  al avispero  de  las ansias voraces, contarte los recuerdos de la infacia...   Todavía me acuerdo  del día  en que te expulsaron de la escuela por... por...  yo no sé lo que hiciste aquella vez  que  hizo  explotar del rabia al director, todos lloraron, ¡Todos!  Menos  tú...