El vagón estaba atiborrado ¡Atiborrado de gente! No cabía ni un ambulante ni un perro... si los perros viajaran... pero no lo hacen. Pero aún así subió y comenzó a contar contando así como cosa como un cuento, como una historia aburrida de un rey muy entretenido... no... contó una historia interesante de un rey que se aburría, sí, un rey que se aburría y para entretenerse ¿contaba historias? este... no, no, el rey se aburría y tenía un burro que encantaba serpientes... ay, no. Contó una historia entretenida sobre un rey. Punto (qué ganas de complicarse uno la existencia, ¿no?) Su voz era rasposa, un poco cavernosa, falsa como cualquier voz de falsete, pero agradable y potente. Tenía el encanto típico que los cuentacuentos tienen, y la gente comenzó a voltear. (algunos). Yo todavía no acabo de entender esa preocupación de todo el tiempo estar manifestando tanta cólera inducida, o algo así. Tan bonito sería que todos se sonrieran todo el día... ¡Madre de Dios! No, no, qué cosa tan fea. No, eso no, ¿qué te decía? ¿sí? ¿de la mujer pequeña que cantaba bonito? No inventes, eso no era. De eso te platico mañana, ves tú que a penas puedo con mi alma y quieres que haga milagros. Entonces te decía que había un cuentacuentos en el metro, ayer. Pues sí, era un joven como de veinticuatro años con voz como de ochenta. Ya recordé. Contó una historia muy déspota de un rey. No, no. El rey de la historia era un tipo muy déspota, sí. Y para entretenerse le cortaba la cabeza a la gente que no lo entretenía, claro. Y un día llegó un encantador de serpientes con un burro que sabía todas las respuestas... ¡Ay, no que me confundo! Ya no me acuerdo. Tengo memoria de teflón. Pero el cuento era de Arabia y el cuentacuentos de Urbania por que dijo que era urbano. Y dijo que se ganaba la vida contando historias y entreteniendo a la gente. Pues no toda la gente se veía entretenida. Pero pues unos sí. ¿Te imaginas si todos ellos fueran como el rey? Cuando yo me aburro escribo. Y escribo esto porque aqui no hay serpientes ni burros que te puedan pasar entre los pies. Uno escribe de lo que tiene cerca y a su gusto y más bien de la forma en que Dios le da a entender. Entonces ese rey, dijo que el cuentacuentos, no, al revés, dijo el cuentacuentos que el rey le cortaba la cabeza a la gente porque no tenía nada que hacer. No se olviden del cuento, dijo , porque ese rey de allá es como el rey de acá y se aburre... porque nunca hace nada. ¿Te imaginas si yo fuera una reina y cuando estoy aburrida me entretengo cortando cabezas? ¡Tremendo desastre de sangre! Y por algo mejor seguimos escribiendo ¿no? Y el cuentacuentos que haga lo suyo y cuente. Al Cesar lo que es del Cesar, dicen, y dicen los que saben de todo una gran ciencia menos de lo que dicen. Sí, te decía, yo escribo lo que pasa en esta ciudad. Yo busco esos detalles en los que nunca nadie se detiene. En los lugares que otros tantos olvidan. Olvido y soy quien yo quiera. Quiero decir que .escribo y soy quien quiero olvidarme... quiero decir: escribo lo que me acuerdo y escribo para no aburrirme como el rey... aunque cada día lo hago más peor. Tranquila, a veces respiro, a veces duermo, a veces... a veces me enamoro. Y no voy a cortarle la cabeza a nadie.
