Estabas ahí, con tus diez años de espera y tu vestido blanco y tu peinado de los años veinte... y una maleta rosa que se iba a reventar por el volumen de las miles de cartas que jamás me enviaste:
"Querido Carlos, hoy intenté fumar un cigarrillo y no me gustó nada, sentí como si me pusieran un misil en el pecho. Y no supe decir si era por el humo o todavía me dueles..."
"Querido Carlos, hoy recibí mi constancia por asistir al curso 'cómo quitarse las ganas de fumar', debo decir que dio más resultados de los que esperaba. Ahora fumo sin ganas..."
"Querido Carlos, hoy estuve parada frente al Consulado donde una vez entraste para tramitar tu visa. Estuve ahí cuatro horas con los ojos cerrados imprecando, luego me arrepentí y comencé a desear que regresara el tiempo. Deseé verte llegar y amarte mucho pero... no sucedió. El sol cayó a las siete y comenzó a hacer frío. Me fui de ese lugar. Pero sigo esperándote."
"Querido Carlos, hoy me diagnosticaron una enfermedad autoinmune, no me queda mucho, ojalá pueda verte antes de abandonar para siempre este mundo porque, si te soy sincera, la única verdad a la que no puedo negarme es a mi propia muerte y a mi amor por ti."
"Querido Carlos, mi última carta era mentira. No tengo una enfermedad autoinmune ni ninguna otra, no voy a morir (posiblemente viva más de cien años, más de los que podría soportar... esto de estar aquí como que ya no es vida). Si a todos esos años le restaras los primeros diecinueve, cuando yo no sabía de tu existencia, serían más de ochenta años. ¡Te esperaré ochenta años, Carlos! ¿Eso no te conmueve? ¿Acaso eres tan insensible? Te amaré siempre. P.D. Perdóname por la mentira, sólo quería asustarte para ver si respondías pero... es cierto, ¿cómo ibas a hacerlo sin haber recibido ni un aviso? Lo siento tanto..."
"Querido Carlos, me quitaron el apéndice, de todas formas no lo usaba mucho, pero ahora tengo una cicatriz del tamaño de mi mano. Te daría mi riñón o parte de mi hígado si lo necesitaras, sólo quería decirte eso."
"Querido, Carlos, visitaste la ciudad y no me llamaste, estoy decepcionada, no me vuelvas a hablar.”
"Querido Carlos, han pasado cinco años... te escribí otra canción. La meteré en mi cápsula del tiempo para que la escuches mientras arrojas mis cenizas al mar, me da igual qué mar, sólo me gustaría que no hubiera demasiada basura. Ya hablé con mi abogado, todo está en orden."
...y así, montones y montones de cartas y mensajes en papel perfumado y una copia del único mensaje que te atreviste a enviar:
"Estoy en tu ciudad, te espero a la 1:30 del 17 de Marzo en el lugar donde ibas a besarme por primera vez, cuando nos conociéramos."
Y ahí estabas, debajo del arco con tu vestido blanco que ondeaba con la brisa del verano anticipado. Te sonreí, parecías sonreír, y luego te pesaron tus diez años de espera. Me diste la maleta y me dijiste: "No me invitaste a tu boda, nunca te lo perdonaré. Ten, esto te pertenece, tú sabrás qué hacer con ellas. Tengo que irme. Adiós."
