miércoles, 15 de febrero de 2012

Para el día del amor

foto tomada del diario Milenio


Pues bien, ¿qué puede ser peor que pasar ¡cuatro!  horas en el mismo camión entre la gente, el tráfico,    el chofer desquiciado, el desfile de los globos flotantes multiculores y escuchando esa música de tortura?



(Después, un hombre entra al vagón del metro  y se pone en posición de discurso, en seguida se desploma y comienza  a decir: "Ya ni tengo garro para hablar...". Explica que hace una semana el doctor le diagnosticó un soplo en el corazón,  asegura (como muchos) que tiene la necesidad de hacer lo que  hace para comprar  sus medicamentos, es hipertenso y además lleva un bastón en mano. La gente lo escucha pero  pocos se atreven a mirarlo. Dice que no tiene casa ni familia ni sustento,   luego agrega  que hace años estuvo  en la prisión. Confiesa  que  le hubiera sido preferible permanecer en ella, porque claro,   de esa manera no se vería obligado a luchar por su supervivencia. Adentro   uno   tiene todo lo que necesita.  Después de todo  dice algo diferente,  algo que bien valdría la pena recordar... si tan sólo    encontrara una manera para hacerlo.  Por Dios que nadie sabe que  las perlas fueron fabricadas del material más invisible. La caricia balsámica de la experiencia ajena.

Avanza con esfuerzo, me voy a reservar el decir cómo era, el decir lo que había tan detrás de  sus  ojos,  en su respiración interrumpida por la angustia, en la caricia sólida que lanzó al corazón. Luego entró una mujer a vender dulces, gritaba con el típico ronquido melancólico  y ventral que tienen los vendedores ambulantes. Ella  sí estaba  ahí por el dinero, ella no arrojó perlas   invisibles, quizá tendría una  -o catorce- bocas que alimentar,  o uno que otro zapato de diseñador que remplazar. Adivinar una intensión es complicado.

Más tarde entra un pequeño,  deambula colocando estampitas de papel plastificado autoadherible sobre la ropa de  las personas que   viajan sentadas. Pasa como zombie,   no da las gracias  si  alguien  le entrega una  moneda a cambio la estampa; no ríe,  ni llora, vuelve a colocar las estampas en su plantilla y se marcha. Simplemente hace lo que alguien le dijo que hiciera.     Y afuera,   otro sendero lleno  de montones de globos flotantes y ramilletes de rosas.   En la Sierra Taraumara la gente está muriéndose  de hambre mientras que en Coyoacán  hay cierto clan chicas  anoréxicas muriéndose de amor  el día del amor.

Pues sí, hay muchas cosas peores que pasar ¡cuatro! horas en le mismo camión entre la gente, el tráfico, el chofer desquiciado y el desfile de globos flotantes multicolores.  En el mismo vagón donde rodaron perlas un adolescente arroja   un  trapo  lleno de vidrios  rotos, se levanta la camiseta para mostrar  una espalda bronceada llena de cicatrices,    grita   una enumeración de conmovedoras verdades   y  da tres volteretas estrellando su espalda contra los vidrios. Y la sangre se mezcla con las perlas, y las  moscas  se beben el amor  que circula en las calles... entre globos flotantes y olor a chocolate con espinas de amor el día del amor.


"Más de tres mil parejas celebran  boda colectiva en el norte del país". Me pregunto  si   ese mismo numero de parejas celebrará un divorcio colectivo en los próximos años,  si es que llegamos, claro,   al 2015 a más. Mi novio me cortó  esa misma mañana por teléfono, y yo creo que por eso estoy así.