-No sé cómo le hacía ni cómo se enteraba pero siempre que iba a San Ángel me lo encontraba ahí. Iba a buscarme para preguntarme por su niña: "¿cómo está mijita?", decía. "Bien, aianda -le decía yo, pero dentro de mí pensaba- en lugar de preguntar por tu hija deberías mandarme dinero, buey". Y parece que oía lo que yo pensaba porque me decía:
-Ahora que junte un dinero te lo voy a dar.
-Ta bueno.
-Pero ¿cómo está?
-Está bien, tiene un papá que sí la quiere, no te preocupes.
Y se quedaba callado y pensando un rato.
-Sei, eso es lo que quiero, que tenga un papá que la cuide, no como... pero dile a Mago que me la deje verla, dile que me la deje conocer a mi niña, dile que...
-No, tú ya ni le muevas, ella está bien, Mago ya encontró otra persona que las quiere a las dos... a los tres...
-Sí -y suspiraba- ya sé que Mago tiene otro hijo pero, ¿no sabes si es mío?
-No, no es tuyo, yo conozco al papá de ese niño. Y no eres tú.
-Y no era él. El papá de ese niño era un moreno flaco. Tú papá era alto, güero...
-Yo sí me acuerdo de él- interrumpía Rose.
-Qué te vas a acordar.
-Pero sí me acuerdo, me acuerdo que cuando mi tía estaba embarazada me llevaba al Centro de Salud. El me decía: "Mi hijo va a ser hombre... y va a ser futbolista... y cuando crezca le voy a decir que te pateé y te pegue" Era uno güero, de ojos claros y greñudo, se parecía a... a nadie.
-Tú sacaste su boca, en eso sí te le pareces, en lo guapo, también en lo buena gente... porque tu papá era un borracho... un drogadicto... no trabajaba pero... pero era buena gente. Allá en mí casa todos lo querían, lo querían aunque sabían cómo era él.
-¿Y luego?
-Luego ya nada