Dora ni se enteró que estaba embarazada hasta que le empezaron a hormiguear las contracciones. Ana estaba con ella, regañándola por su conducta extraña de los últimos meses:
—¿Qué está pasando, Dora? ¿por qué estás tan rara?
—¿Qué? ¿de cuál?, ¿o cómo rara?
—Estás holgazaneando demasiado, los clientes ya no preguntan por ti. Además estas gorda.
Dora la miró como si le acabase de hablar en otro idioma. Luego le vino la primera contracción. Soltó el cigarro en la mesita de luz y se llevó ambas manos al vientre. Ana sintió que le estrujaban una tripa, pero luego pensó que se podía tratar de uno de sus chantajes y se quedó mirándola nomás "para ver qué hacía". Dora se levantó toda encorvada y se arrastró a la cama donde se tumbo boca arriba, abrió las piernas y empezó a parir. Al poco rato llegó Eva.
Eva no se atrevió a pronunciar palabra, sólo la miraba retorcerse y pujar, aquella muchacha blanca le recordaba a su madre. Siempre le recordó a su madre, le tenía concesiones y era por eso. Eva estuvo junto a su madre cuando se murió. Su madre murió después de dar a luz a su última hermana. Su hermana se murió después. No le pusieron nombre nunca. "¿Y si se muere ésta también?", pensaba Eva, pero... quizá, si ayudaba a Dora a parir a su escuincle, sería como volver el tiempo atrás, quizá de esa manera Dios la perdonarían por haber dejado morir a su madre y a su hermana, por volverse una puta después de eso, pero no cualquier puta: el ama de las putas. la puta mayor.
Las otras muchachas estaban en la entrada mirando y cuchicheando. Se las espantó como moscas: "Si no van ayudar, no estorben, ¡váyanse a trabajar!, ¡nomás eso faltaba!". En el fondo pensaba en qué le iba a decir a los padrotes cuando llegaran. Pero después dejó de preocuparse por eso. Le preocupaba Dora, que se había puesto pálida. No gritaba, sólo se retorcía y pujaba. No tardó en expulsar de entre sus piernas una pulpa morada pequeñita.
Eva recibió el producto y le cortó el cordón. Pero aquella molla no se movía. "Nació muerto", pensó. ¿Y Dora? Estaba como ida, respiraba quedito pero miraba al techo sin pestañear, parecía que dormía con los ojos abiertos. Eva se llevó la carne aquella para lavarla y pensar en lo que había de hacerse.
Las otras muchachas estaban en la entrada mirando y cuchicheando. Se las espantó como moscas: "Si no van ayudar, no estorben, ¡váyanse a trabajar!, ¡nomás eso faltaba!". En el fondo pensaba en qué le iba a decir a los padrotes cuando llegaran. Pero después dejó de preocuparse por eso. Le preocupaba Dora, que se había puesto pálida. No gritaba, sólo se retorcía y pujaba. No tardó en expulsar de entre sus piernas una pulpa morada pequeñita.
Eva recibió el producto y le cortó el cordón. Pero aquella molla no se movía. "Nació muerto", pensó. ¿Y Dora? Estaba como ida, respiraba quedito pero miraba al techo sin pestañear, parecía que dormía con los ojos abiertos. Eva se llevó la carne aquella para lavarla y pensar en lo que había de hacerse.
La niña se movió después de unos segundos. Con el primer respiro vino el llanto. Eva sintió que el corazón se le salía de donde lo tuviera escondido. Luego advirtió la presencia de unos pasos arrimándose, un miedo que se aproximaba por el corredor. A los pocos instantes escuchó la voz del Hurón qué se quejaba al otro lado de la habitación de Dora:
—¿Qué jalada es ésta? ¿¡Qué chingados pasó!?
(2013)
