Y entonces ella dijo: "Lo mejor (y peor) de amar y odiar y darte y reservarte a un leviatán con corbata es la muerte, no la que nos reserva de otras premoniciones menos definitivas y balsámicas, sino la muerte potente y caprichosa que nos oprime el vientre lentamente, más y más lentamente hasta pensar y hacer que el mundo piense que daremos a luz a un nuevo ser de hielo con-domino y corbata de satín". Luego se aproximó a la cafetera contoneándose como de costumbre.
Una tarde -mucho antes que yo llegara- levantó el teléfono y reservó una mesa en el restaurante más caro de la zona.
-¿Y le vas a decir?
-Claro que le voy a decir, tiene que hacerse responsable, después de todo es su hijo. No esperas que me marche ¿o sí?
-Es que debiste pensarlo, se acaba de casar, cómo pudiste embarazarte de él.
-Mira, no es tu bronca, ahora va a tener que mantenerme y ver por el niño, si no quiere que todos se enteren...
Y al día siguiente ingresó al edificio con los ojos sumidos en grandes bolsas de llanto e insomnio y un dolor espantoso en el alma. Pero siguió trabajando y trabajando... por años y años hasta que yo llegué para remplazarla. Nuestra primera platica de capacitación contuvo algo como esto:
-¿Y tienes hijos?
A lo que respondió con un rotundo "No" y se giró hacia su máquina y no me habló otra vez durante lo que a mi me pareció bastante tiempo.
-¿Y tú?
-¿Yo... qué?
-¿Tienes hijos?
-Sí, un pequeño de tres años, me embaracé muy chica, tuve que dejar la escuela para sacar adelante a mi bebé porque mi padre me corrió de la casa
-¿Y cómo entraste aquí?
Yo dudé.
-Bueno ¿prometes no decirle a nadie?
-Mira, todos tenemos algo que ocultar
-...Yo trabajaba en un bar de Coapa, el sueldo era muy bueno pero el ambiente no me parecía apto para mí, me dio miedo por mi hijo. Y una noche se me acercó un hombre, me hizo la plática y me convenció de que podía colocarme en su empresa como recepcionista, y que si hacía un buen trabajo me convertiría en su asistente porque...
-Ya no sigas que esa historia ya me la sé.
Yo me quedé pensando.
EL día que se marchó me dio un abrazó y con lagrimas en los ojos agregó, no sé si para mí o para ella misma: "ellos se creen que pueden exprimirte y lanzarte a la calle en cuanto se huelen carne fresca, todo por una mísera compensación ¿y tantos años? ¿tanto amor para qué? ¿Todo tirado al tambo por un cheque mensual?... Tú, y enfatizo, ¡Tú! por lo menos tienes por quién ver, y si algún día te vas nadie podrá decir que no dejaste nada..."
Dos semanas más tarde supe que se había suicidado en su departamento. La encontraron aferrada a un frasquito de vidrio que contenía quién sabe qué cosa congelada. Y no supe más de ella. Me pareció una pena porque aún era joven.
Ayer conocí a su esposa, es una mujer linda, de buena familia... y es tan alegre... creo que le caigo bien...
-Tengo la corazonada de que ella ya sabe de lo nuestro.
-No digas tonterías.
He comprobado que lo sabe pero no pienso decírselo, me sorprendió que parecía no importarle, me llamó para que recogiera unos papeles a su casa, me invitó un té y me estuvo contando cosas de cuando modelaba en la revista.... ya no me acuerdo el nombre. Y después ella dijo: "Lo mejor (y peor) de amar y odiar y darte y reservarte a un leviatán con corbata es la muerte..." y llamó a su pequeño Enrique para que saludara a la señorita Liz. "Trae a tu niño un día, dijo, yo puedo cuidarlo, a mi Henry no le haría mal tener un amiguito, me da tanto miedo que en el futuro sea como mi esposo, porque las costumbres se pegan, no todo es culpa de la sangre.... si no... otra cosa sería..."
