lunes, 27 de diciembre de 2010

Aún





¡Descanse usted, oh, captopril de las “cada seis horas” Ha cumplido ya vuestro propósito en la vida!
Ayer estuvo aquí un asesor de la compañía de seguros. Los días pueden ser casi normales, lo malo son las tardes. Sobre todo si llueve, a uno le entra ese bicho que se llama tristeza. Yo llevo el té de albahaca a la ventana, su aroma me provoca no sé qué sensaciones. Veo la lluvia caer, me bebo los minutos mientras la dulce Alondra se peina los instantes en el mismo sillón. Llevo mi té de albahaca hasta mi boca,
veo la lluvia caer
y pronuncio su nombre quince veces, seis veces: Carlos, Carlos, Carlos… quince veces (las cuento) No sé me ocurre nada mejor que hacer

Así pasan las letras de su nombre. Mientras,
gotas y gotas imitando el destino de los sueños. Ahí va otro
a romperse en pedazos sobre las mismas piedras.

Tocan. No corras, Alondra. Pero si es el hastío dile que llega tarde, que la tristeza se volvió a adelantar.

Diciembre 12, 2010