Desperté con sus brazos ceñidos a mi cuello. No recordaba cómo se llamaba.
Mucho menos quién era.
La última imagen nítida que mi memoria retenía era el trasbordo de la línea nueve a la línea dos, por la estación del metro Chabacano —donde los caminos se cruzan—. Después de eso nada... sólo lenguas azules como flamas... o no eran lenguas, no, eran reptiles... y ese sonido tan agudo ¿o tan grave?... y esos ojos brillantes ¿o tan opacos...? De nuevo la cabeza me daba muchas vueltas.
Me retiré sus brazos del cuello y me volví hacia él para mirarlo. Se trataba de un ser maravillosamente bello. Y se hizo el silencio. Luego volví mi vista hacia el espejo. ¿Quién era yo? ¿Quién era?
07 de Diciembre del 2010