Ella siempre fue así... como quien dice... "ruleante", entrometida al grado de volverse predecible, predecible y molesta, y no por ello menos sorprendente cada vez.
Entonces no podías tener una conversación tranquila en la sala porque, a fuerzas, la veías meter su cuchara. Ah sí... esa mujer quería estar en todo, se las sabía de todas las maneras, a todo el mundo lo mataba sin duelo en su imaginación, tremenda cabecita la suya. Si mi hermano sudaba sobre la mesa, así todo enchilado por la salsa de sus tacos, comenzaba la abuela con su famoso cuento de siempre:
-Yo conocí a un muchacho, así como tú, que un día estaba comiendo salsa verde. Y luego ¿qué crees?
- ¿Qué?
-Se le subió al cerebro y se murió.
Y así era siempre. Una vez mi hermana casi se ahoga con su bebida, y en lugar de que la abuela le diera una palmadita en la espalda le dijo (con su tono mordaz) :
-Yo conocí una vez a una muchacha, que un día estaba tomando agua, así como tú. Y luego ¿qué crees que le pasó?
-¿Se murió?
-NO, qué va, se le subió a la nariz... y después al cerebro... y después se murió.
O como el día que... estaba con mi novio -y todos- en la sala mirando una película. Pues ¿no llegó la abuela a sentarse precisamente en medio de los dos a interrumpir la escena? Ya te imaginas, ambos nos miramos de reojo, y ese silencio incómodo interrumpido por la voz de la abuela entre nosotros.
-Oye, ¿¡Que! ese no es el que estaba en el hospital? ¿Pues, no que estaba muy grave? ¿O ya se murió?- gritaba señalando a uno de los actores en la pantalla.
-No abuela, ya deja a los muchachos en paz. Ven, siéntate acá.
Y la abuela:
-¿Qué?
Y mi hermana:
-Que te pases pa'acá que no dejas ver.
Y la abuela (más fuerte):
-Qué!?
Y mi novio:
-Ahorita vengo, voy al baño.
Y yo así de:
-Te acompaño.
Pues, ¿me creerás que sólo así la abuela se levantó del sofá? Pero no más lo hizo para ir tras nosotros a seguir con sus cosas.
Y así era siempre. Y no creas que esto vino con la edad, como ya te expliqué, ella siempre fue así. Desde que era joven, desde que yo me acuerdo. Y te puedo asegurar que todo lo que hacía lo hacía de mala fe.
Un día encontré a mi sobrina pequeña arrodillada en el suelo junto a la abuela con el brazo estirado hacia adelante. Y la abuela le decía:
-A ver, niña, vamos a rezar, repite después de mí: "Padre nuestro que estás en el cielo... santificado sea tu nombre..."
Y mi sobrina:
-"...venga a nosotros tu reino, hágase, señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo..."
Y la abuela:
-¡Bandera de México!
Y mi sobrina
- ¡Bandera de México! Legado de nuestros héroes...
*(Ver nota al final de este Post)
¿No te parece el colmo? Pues no, tengo muchos ejemplos que contarte.
A mi abuela le encanta la televisión, siempre saca material para sus ocurrencias de la televisión. En una transmisión de los Juegos Olímpicos se le ocurrió decir:
-Pues los aztecas también tenían sus olimpiadas.
A la abuela le encanta que uno la contradiga y que desacredites sus sapiencias. Le encanta que la hagas repelar:
-No, abuela, no eran Olimpiadas...
-Sí, sí, sí... tenían sus Oimpiadas. Corrían en el pasto con sus tenis Nike.
-Jaja, que no, abue, en ese tiempo todavía ni se inventaban los tenis.
-Que sí, te digo, corrían con sus tenis N-i-k-e. Y golpeaba en la mesa totalmente segura de sus divagaciones.
Y eso no es todo, un día estábamos viendo un documental sobre los egipcios y la abuela escuchaba de lejitos. Ya cuando terminó se acercó despacito. En tono firme dijo:
-Pues sí. Sí es cierto lo que dicen ahí, si es cierto que Ramses se murió. Pero ahí no te dicen toda la verdad, porque ahí no te hablan de su hermana, ahí no te dicen cómo se llamaba su hermana... de Ramses... ¿y tú sabes cómo se llamaba su hermana?
-No, abuela ¿cómo se llamaba?
-Se llamaba Concha.
-¡Cómo se va a llamar Concha abuela!
-Sí, se llamaba ¡Concha!
Y todavía enfatizaba galopando sus dedos en la mesa: C-O-N-C-H-A
Pues, ya ves. Esta es mi abuela. Con sus ochenta y pico sigue siendo y será todo fenómeno. Tremenda mi abuela, famosa entre mis amigos, aquí te la presento, porque como ella... no hay dos.
Nota: En México, en las escuelas públicas de educación primaria y secundaria, se aconstumbra realizar lo que comúnmente se conoce como "Honores a la Bandera". Es como una pequeña ceremonia, que no dura veinte minutos, en la que se acomoda a los chamacos alrededor del patio principal a primera hora de la mañana -o de la tarde, porque siempre hay dos turnos-. Bueno, el caso es que, antes de comenzar las clases se canta el famoso Saludo a la Bandera, la primera estrofa del Himno Nacional y se recita el Juramente a la Bandera, que a su letra dice, ejem, más o menos así:
Nota: En México, en las escuelas públicas de educación primaria y secundaria, se aconstumbra realizar lo que comúnmente se conoce como "Honores a la Bandera". Es como una pequeña ceremonia, que no dura veinte minutos, en la que se acomoda a los chamacos alrededor del patio principal a primera hora de la mañana -o de la tarde, porque siempre hay dos turnos-. Bueno, el caso es que, antes de comenzar las clases se canta el famoso Saludo a la Bandera, la primera estrofa del Himno Nacional y se recita el Juramente a la Bandera, que a su letra dice, ejem, más o menos así:
¡Bandera de México!
Legado de nuestros héroes,
Símbolo de la unidad
de nuestros padres
y de nuestros hermanos,
te prometemos ser siempre fieles
a los principios de libertad y justicia
que hacen de nuestra Patria,
la nación independiente,
humana y generosa,
a la que entregamos
nuestra existencia.
Resulta que, si una mañana de lunes te paseas frente a una escuela, en alguna colonia popular, podrás escuchar los tamborazos de la banda de guerra (si la hay), o a una profesora desentonada balbuceando nuestro Himno Nacional con un micrófono que se escucha a tres cuadras. Eso sí, es muy bonito todo ese folklore: todos vestidos de blanco, formaditos en cuadros alrededor del patio, de los más pequeñitos a los más grandotes, saludando al estilo militar un pedacito de tela tricolor que ondea escoltado por un grupo de niños destacados, las más veces, sin saber bien por qué, así sucede. Así es.
