miércoles, 11 de abril de 2012

Anécdotas de casa



Ella siempre fue así...  como quien dice... "ruleante",   entrometida   al grado  de volverse predecible, predecible y molesta, y no por ello menos sorprendente cada vez.

Entonces no podías tener una conversación tranquila en la sala porque,  a fuerzas,  la  veías meter su cuchara. Ah sí... esa mujer quería estar en todo, se las sabía de todas las maneras, a todo el mundo lo mataba sin duelo en  su imaginación,  tremenda  cabecita la suya.  Si mi hermano sudaba sobre la mesa, así todo enchilado por la  salsa de sus tacos, comenzaba la  abuela con  su  famoso cuento de siempre:

-Yo conocí a un muchacho, así como tú, que un día estaba comiendo salsa  verde. Y luego ¿qué crees?
- ¿Qué?
-Se le subió al cerebro y se murió.

Y  así era siempre. Una vez mi hermana casi se  ahoga  con su  bebida,  y en lugar de que la abuela  le diera una palmadita en la espalda le dijo (con su tono  mordaz) :

-Yo conocí una vez a una muchacha, que un día estaba tomando agua, así como tú. Y luego ¿qué crees que le pasó?
-¿Se murió?
-NO, qué va, se le subió a la nariz... y después al cerebro... y después se murió.

O como el día que...  estaba con mi novio -y todos- en la sala   mirando  una película. Pues  ¿no llegó la abuela  a sentarse precisamente en medio  de los dos a interrumpir la  escena?  Ya te imaginas,  ambos  nos miramos de reojo, y ese silencio  incómodo  interrumpido por la voz de la abuela entre nosotros.

-Oye,  ¿¡Que!  ese no es el que estaba en el hospital? ¿Pues, no que estaba  muy grave? ¿O ya se murió?- gritaba señalando a uno de los actores   en la pantalla.
-No abuela, ya deja  a los muchachos en paz. Ven, siéntate acá.
Y la abuela:
-¿Qué?
Y mi hermana:
-Que te pases pa'acá que no dejas ver.
Y la abuela (más fuerte):
-Qué!?
Y mi novio:
-Ahorita vengo, voy al baño.
Y  yo así de:
-Te acompaño.

Pues, ¿me creerás que sólo así la abuela se levantó del  sofá?  Pero no más lo hizo para  ir  tras nosotros a seguir  con sus cosas.

Y así era siempre.   Y no creas que esto vino  con la edad, como ya te expliqué, ella siempre  fue así.  Desde que era  joven, desde que yo me acuerdo.  Y  te puedo  asegurar que  todo lo que hacía lo hacía de mala  fe.

Un día    encontré  a mi  sobrina pequeña  arrodillada en el suelo junto a la  abuela con el brazo estirado hacia adelante. Y la abuela le decía:

-A ver, niña, vamos a rezar,   repite  después de mí:  "Padre nuestro que estás en el cielo...  santificado sea tu nombre..."
Y mi sobrina:
-"...venga  a nosotros tu reino, hágase, señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo..."
Y la abuela:
-¡Bandera de México!
Y mi sobrina
- ¡Bandera de México! Legado de nuestros héroes...

*(Ver nota al final de este Post)

¿No te parece el colmo?  Pues no,     tengo  muchos ejemplos  que contarte.

A mi abuela   le encanta la televisión, siempre  saca material  para sus ocurrencias de  la televisión.   En una transmisión de los Juegos Olímpicos se le ocurrió decir:

-Pues los aztecas también tenían sus olimpiadas.  
A la  abuela le encanta  que  uno la contradiga y que desacredites sus sapiencias. Le encanta  que la hagas repelar: 
-No,  abuela,  no eran Olimpiadas...
-Sí, sí, sí...  tenían  sus Oimpiadas. Corrían en el pasto con sus tenis  Nike.
-Jaja, que no, abue, en ese tiempo todavía ni se inventaban los tenis.
-Que sí,   te digo, corrían con sus tenis  N-i-k-e.  Y golpeaba en la mesa totalmente segura de sus divagaciones. 

Y eso no es todo,  un día estábamos viendo un documental sobre  los egipcios y la abuela escuchaba de lejitos. Ya cuando terminó se acercó  despacito. En tono  firme dijo:

-Pues sí. Sí es cierto lo que dicen ahí,  si es cierto que Ramses se murió. Pero ahí no te dicen toda la verdad, porque  ahí no  te  hablan de su hermana,   ahí no te dicen cómo se llamaba su hermana... de Ramses... ¿y tú sabes cómo se llamaba su hermana?
-No, abuela ¿cómo se llamaba?
-Se llamaba  Concha.
-¡Cómo se va a llamar Concha abuela!
-Sí,  se llamaba  ¡Concha! 
Y todavía enfatizaba galopando sus  dedos  en la mesa:   C-O-N-C-H-A


Pues, ya ves. Esta es mi abuela. Con sus ochenta y pico  sigue  siendo y será  todo fenómeno. Tremenda  mi abuela,  famosa entre mis amigos,  aquí te la presento, porque como ella...  no hay dos.


Nota:   En México,  en  las escuelas públicas  de educación primaria  y secundaria, se aconstumbra realizar lo que comúnmente se conoce como "Honores a la Bandera".  Es   como una pequeña ceremonia, que no dura veinte minutos, en la que  se acomoda a  los  chamacos  alrededor del patio principal a  primera hora de la mañana -o de la tarde, porque siempre  hay dos turnos-. Bueno, el caso es que, antes de comenzar las clases se  canta  el famoso Saludo a la Bandera, la primera estrofa  del Himno Nacional y se recita el Juramente  a la Bandera, que a su letra dice, ejem,  más o menos así:

¡Bandera de México!
Legado de nuestros héroes,
Símbolo de la unidad 
de nuestros padres
y de nuestros hermanos,
te prometemos ser siempre fieles
a los principios de libertad y justicia
que hacen de nuestra Patria,
la nación independiente, 
humana y generosa, 
a la que entregamos 
nuestra existencia.

Resulta que,  si una mañana de lunes te paseas frente  a una escuela,  en alguna colonia popular,  podrás escuchar  los tamborazos de la banda de guerra (si la hay),   o a una profesora desentonada  balbuceando nuestro Himno Nacional con un micrófono que se escucha  a tres cuadras.  Eso sí, es muy bonito todo ese folklore: todos vestidos de blanco, formaditos en cuadros alrededor del patio, de los más pequeñitos a los más grandotes, saludando al estilo militar un pedacito de tela tricolor que ondea escoltado  por un grupo de niños destacados, las más veces,  sin saber bien por qué,   así sucede. Así es.