Leyenda de la hermosa Xochiquetzal, quien murió de pena y amor, hoy yace convertida en la nívea montaña conocida como Iztaccíhuatl y su amante fiel, convertido en el Popocatépetl vigila su sueño.
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| Toma de los volcanes desde el mirador del Santuario de la virgen de los Remedios en la ciudad de Cholula, en Puebla. México, 2011 |
Etimología:
Popoca: Echar humo
Tepetl: Cerro
Íztac: Blanco
Cíhuatl: Mujer
Las fuerzas guerreras del Imperio Azteca regresaban derrotadas y tristes al valle de Anáhuac, junto a los cinco lagos de Chalco, Xochimilco, Texcoco, Ecatepec y Zumpango. Los caballeros Águila y tigre traían penachos destrozados, las macanas desdentadas, los escudos mal trechos y las ropas hechas jirones y ensangrentadas. Los yopica, viejos y sabios maestros del arte de la estrategia aguardaban a dichos guerreros para pedirles una explicación ante tan vergonzosa derrota, pues al parecer había sido inútil lo aprendido en el Calmécac o Academia de Guerra. El ejercito era comandado por un guerrero que, a pesar de la triste batalla, conservaba su altivez y el orgullo de su estirpe.
El pueblo entero lloraba la derrota, las mujeres avergonzadas ocultaban sus rostros, sólo una de ellas permanecía serena, mirando con asombro al fuerte dirigente. Ella era Xochiquetzal, que quiere decir hermosa flor, quien al notar la mirada del dirigente sintió como si fuera a desfallecer, ya que el era su fiel amante. Desgraciadamente Xochiquetzal había contraído matrimonio con un tlaxcalteca, quien le había jurado falsamente que su amado, su dulce y fiel guerrero azteca, había caído muerto en la guerra a manos de los zapotecas.
Xochiquetzal le dijo a su marido que nunca le perdonaría el engaño y que en su corazón permanecería por siempre encendida la llama del amor a su guerrero azteca. En un instante de arrebato, ella corrió lo más lejos que pudo hasta llegar al lago de Texcoco. Su esposo, el tlaxcalteca, fue tras ella: el guerrero azteca, al ver esta escena, empuño con furia su macana y los siguió.
Al verse cara a cara los dos hombres no dijeron nada, porque cualquier razón sobraba allí. El tlaxcalteca extrajo el venablo que ocultaba bajo la tilma y el azteca esgrimió su macana. Se entablo una ruda batalla. El tlaxcalteca se defendía a toda costa, mientras que el azteca adquirió fuerzas increíbles, provocadas por tantos días de espera, por tantas luchas que había enfrentado con avidez para regresar por fin a los brazos de Xochiquetzal.
Finalmente, casi al atardecer, el azteca hirió de muerte a su rival, quién huyo a su país tal vez en busca de ayuda para vengarse de su enemigo.
El vencedor regresó buscando a su amada Xochiqietzal y la encontró tendida para siempre muerta a la mitad del valle, porque ella no pudo soportar la vergüenza de haber sido de otro hombre. El guerrero la contempló con el corazón destrozado. Se arrodillo a su lado y lloro la más amarga pena. Cortó flores de xoxocotzin y lentamente cubrió el cuerpo de Xochiquetzal, la coronó con algunas fragantes flores e yoloxóchitl o flor del corazón, quemó copal y rindió honores a la mujer de su vida. El cenzontle, pájaro de los cuatrocientos trinos, también rindió honores a los enamorados, cantando dulcemente toda la noche, hasta que el cielo se cubrió de nubarrones y el mensajero de la muerte, Tlahuelpoch, hizo su aparición.
Cuenta la leyenda que un fragmento de segundo la tierra se estremeció y feroces relámpagos tronaron en el cielo. Cayeron piedras de fuego sobre los cinco lagos y la gente del valle de Anáhuac se llenó de pavor.
Al amanecer estaban allí, donde antes era valle, dos montañas nevadas, una tenía la forma inconfundible de una mujer recostada sobre un túmulo de flores blancas; la otra mostraba la figura de un guerrero azteca arrodillado junto a los pies nevados de la impresionante escultura de hielo de la mujer yaciente.
Desde entonces esos dos volcanes, que hoy vigilan el valle de Anáhuac, tuvieron por nombres Iztaccíhuatl, que quiere decir mujer dormida, y Popocatépetl, que se traduce como montaña que humea, ya que a veces suele escapar humo del inmenso cráter.
En cuanto al cobarde engañador tlaxcalteca, según se dice, fue a morir desorientado muy cerca de su tierra. También se hizo montaña, se cubrió de nieve y le pusieron por nombre Poyautécatl, que significa Señor Crepuscular, y posteriormente lo llamaron Citlaltépetl o cerro de la Estrella. Desde allá lejos vigila el sueño eterno de los dos amantes a quienes nunca podrá separar.
Durante muchos años, hasta poco antes de la Conquista, las doncellas muertas en amores desdichados eran sepultadas en las faldas del Iztaccíhuatl.
A todos nos contaron esta historia de pequeños, quiero decir, a todos los que somos de aquí, o por lo menos así debió de ser. Claro que habrá quienes prefieran Caperucita Roja o Romeo y Julieta o la Iliada pero...
¿Es una bella historia, no lo crees?
Andan otras versiones por internet, así sucede con todas las leyendas, lo que es cierto es que los volcanes ahí están, y son hermosos, y son de aquellas cosas que nos dejan jurar que este país es inmenso, que la vida es tan bella y viceversa. Generalmente "el Popo" anda tranquilo todo el año, de vez en cuando le da por recordar quién manda, y se anda así: lanzando fumarolas, nada más, de cuando un poco de ceniza, nada menos.... o eso era hasta hace poco, que la alerta volcánica nos tiene a todos con la mira en el pánico. Se han instalado albergues en algunas delegaciones de la ciudad.Los geólogos deben estar haciendo lo suyo. La poblaciones cercanas a las faldas del volcán se encuentran preparadas para cualquier desalojo necesario. Yo me acuerdo que hace años también hubo un evento de esta especie, en la televisión pasaban las imágenes de personas de la tercera edad que eran arrancadas por la fuerza de sus casas, no se querían ir, decían que si habían de morir sería en su suelo, aunque su suelo quedara calcinado... achicharrado. Aquella vez no pasó nada. Nadie sabe ahora qué, con tanto sismo y con tanto accidente carretero hay que estar preparados para todo.
No olvides que
hay una transición a penas perceptible entre:
estar distraido-estar atento- estar alerta- estar paranoico-estar al acecho
| Popocatépetl |
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| Iztaccíhuatl ¿Verdad que sí parece una mujer dormida? ¡La cosa está que arde! |



